Arrebatos en la calle, robos a los comercios y drogas pesan sobre un Colegiales cada vez más inseguro.

Los hechos delictivos crecieron en los últimos años y los vecinos denuncian que se convirtió en "una zona liberada"; el caso de un mueblería asaltada 23 veces en 25 años.
Por Diego Yañez Martínez


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Arrebatos en la calle, robos a los comercios y drogas pesan sobre un Colegiales cada vez más inseguro. (Click en la foto)
26/5/15

"Estamos cerrando ya", dice el dueño de un café. Ante la cara de incredulidad del cliente, se apresura a acotar: "Es por seguridad, prefiero vivir tranquilo aunque gane unos pesos menos". Son las 18.30 y se extinguen las últimas luces del día. Los comerciantes y vecinos que eligieron Colegiales para vivir por su tranquilidad sienten impotencia e indignación ante la reiteración de hechos delictivos.

Una mueblería asaltada 23 veces en 25 años. Un departamento desvalijado hace dos semanas. Una mujer de 73 años brutalmente golpeada en plena tarde. El dueño de la concesión de un supermercado Día que no renovará el contrato de alquiler porque desde 2011 registraron 11 robos; el último, hace menos de un mes. Aunque duela y genere bronca, quienes viven en el barrio dicen que nada sorprende.

Roberto, propietario del bar Santino, ubicado en la avenida Álvarez Thomas al 1100, en la intersección con Zabala, cuenta que el último asalto que sufrieron fue a principio de mes cuando dos delincuentes, a las 16, entraron armados y le robaron incluso a los clientes. "No quiero abrir más a la noche. Estamos a la deriva, no le importamos a nadie", advierte con impotencia.

Su testimonio se repite entre los demás vecinos que denuncian que la zona representa un polígono con ausencia de control policial, pese a que intervienen tres seccionales de la Federal en su custodia: la 37, 31 y 33. Ante la falta de respuestas, tratan de cuidarse entre ellos. Pero no

María Cristina Rego salió el viernes 8 de mayo de lo la casa de su hermana, en Cabildo y Maure, y se fue a hacer las compras, cuando dos mujeres de importante contextura física la abordaron a las 15.45, en Freire y Palpa. Aún conmocionada, recuerda ese día. "Me pegaron en la cara sin decirme nada y caí al suelo como una bolsa de papas. Me salía sangre de la nariz. Todavía me quedan moretones en la espalda", relata a LA NACION mientras imita con su puño el golpe que le propinaron cerca del ojo izquierdo.

"Mi preocupación es que estoy operada de la nariz y la columna. Decí que una persona me ayudó y llamó a una ambulancia. Estuve cinco horas en el hospital Pirovano", agrega la mujer, que tiene 73 años y hace diez vive en Colegiales. "Hace dos días me tocaron timbre en casa para pedirme ropa. Eran las once de la noche. ¿Raro no? Obviamente no bajé, pero me alteré mucho", cuenta.

La inseguridad que a diario se vive en Colegiales también se ve reflejada en el mapa del delito vecinal. El año pasado se detectaron 700 casos, entre el 1° de mayo y el 1° de noviembre. La cantidad aumentó a 944 en el último informe (abarca del 1° de noviembre de 2014 al 1° de mayo de este año).

Los episodios que más se denunciaron fueron arrebatos en la calle con o sin armas. "Hay un aumento significativo en la cantidad de delitos", señala a este medio Nelson Durisotti, coordinador del reporte.

César, dueño de la concesión del supermercado Día, ubicado en Federico Lacroze al 2800, confiesa que ya se cansó de hacer denuncias. Le llegaron a robar cuatro veces en un mes y desde el 2011 sufrió 12 hechos delictivos; el último, hace 30 días. "Una vez, incluso, asaltaron a los clientes", cuenta, y denuncia que para él es una "zona liberada"

El local Kevingston de Avenida Elcano y Conde, también sufrió numerosos robos: cinco en cinco años. "El 31 de marzo dos delincuentes que simulaban ser clientes asaltaron el comercio a mano armada. Se llevaron 2 mil pesos y mercancías", relata Franco Amado, empleado del lugar, y agrega que el compañero que fue asaltado renunció al día siguiente por "miedo".

Una de las zonas más peligrosas -coinciden las distintas fuentes consultadas por LA NACION durante una recorrida- es el túnel de Lacroze y las vías del ferrocarril Mitre, inaugurado en octubre de 2013 por el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, para alivianar el tránsito. Aunque el líder del Pro aseguró que la obra mejoraría la seguridad, pasó lo contrario.

"Estuvimos ocho meses sin cámaras en el túnel, y cuando las instalaron no funcionaban porque faltaba el tendido de fibra óptica. Las únicas que funcionan son las de la fotomultas", asegura Marcia Hashiba, titular de la Asociación de Vecinos y Comerciantes de Colegiales.

Este medio comprobó, en efecto, que una de las dos cámaras del túnel apunta al techo por lo cual es imposible que sirva para seguridad y nadie se hace cargo de su seguimiento."En el sistema de monitoreo sólo aparece una registrada arriba del túnel", señalaron fuentes de la Policía Metropolitana. Sin embargo, desde la Comisaría de la Comuna 15, informaron que una de las cámaras sí está en funcionamiento, aunque no brindaron información sobre la restante.

Juan Carlos Ares, dueño de una mueblería lindera al paso bajo nivel, opina que los delincuentes tienen todo calculado ya que "roban, salen corriendo y se suben a la formación que ya está arrancando" y que a él lo asaltaron una vez ahí. Aunque ya no se sorprende de nada: su negocio fue asaltado 23 veces en 25 años.

Hay situaciones de inseguridad que de lo de insólitas producen hasta risas. Ares recuerda que hace muchos años, a la salida de una comida con efectivos policiales para plantearles los problemas de inseguridad que sufrían, de la que participó junto a otros vecinos, le robaron su auto Ford Falcón.

Otro de los robos que aumentó en los últimos 24 meses es el de estéreos y el de ruedas. El viernes un delincuente, de aproximadamente 30 años, rompió con un martillo el vidrio de una camioneta negra estacionada en Conde 1156. Los dueños de la casa al verlo le gritaron y huyó en bicicleta.

Ni siquiera los estudiantes de la escuela Philips se salvan. Las autoridades del establecimiento incluso les hicieron recomendaciones a los chicos de qué hacer para evitar hurtos, como por ejemplo, tomar de a muchos el colectivo y caminar por avenidas. "Los agarran a la hora de almorzar, sobre la calle Delgado. Tienen identificado a la hora que salen", cuenta una ex alumna que finalizó sus estudios allí el año pasado. Lo mismo ocurre en el Instituto Compañía de María, ubicado en Cespedes y Conde.

DROGA Y "COLABORACIONES"

A fuerza de malas experiencias, quienes viven hace tiempo en Colegiales tratan de evitar circular con el auto por Elcano y Álvarez Thomas y caminar por Zapiola, entre Lacroze y Cespedes.

Así como la mayoría de los vecinos toman esos recaudos y saben a la perfección las zonas más inseguras, lo mismo pasa con los "kioscos" de drogas. "Hay uno en Palpa y Zapiola y otro en Teodoro García y Coneza", aseguran.

En total son cuatro puestos, según pudo comprobar LA NACION en distintas recorridas y horarios por la zona. Son tan visibles que hasta gente mayor del barrio sabe dónde están, como si ya formasen parte permanente de Colegiales.

Así de conocidas son también las "colaboraciones" que "piden" los comisarios a los comercios, según recogió este medio de, al menos, ocho testimonios diferentes de fuentes que pidieron mantener estricta confidencialidad sobre sus nombres por temor a represalias.

"A un kiosquero le reclaman películas truchas; a algún empresario, dinero; al dueño de un supermercado, bebida para la fiesta del hijo del comisario. No es raro ver a los efectivos con bolsas de una cadena de comidas rápidas donde llevan el dinero que reciben", ejemplifican las fuentes y lo corrobora un ex comisario del barrio consultado por este medio.

LA NACION trató de contactarse con las seccionales de la Federal, pero no tuvo respuesta. Sin embargo, este medio pudo saber que, en una reunión con los vecinos, la comisaría 37 informó que recibieron nueve patrulleros hace poco, aunque en las calles -cuestionan los vecinos- no se ven reflejados.

El 70% de los comerciantes de Colegiales vive también en el barrio y a pesar de todo se niega a abandonarlo. "¿Irme? No, los que se tienen que ir son ellos, los delincuentes", dice Emilio que está en Colegiales "desde toda la vida".

Como si fuese el cuento Casa Tomada, de Cortázar, los vecinos resisten, aunque cada vez se limitan más. Muchos ya no salen a la noche y evitan caminar por ciertas calles.

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